A ti, que me sigues

Qué es la existencia sino el horror. El horror y el miedo constante a la soledad, a la pobreza...
La frustración es esa condena con la que algunos nacen o se supone que han venido para trabajar en ella. Vivir con la sensación de que cualquier movimiento que intentes sea vano, es algo que no desearía a nadie. Cualquier idea que te pase por la cabeza, bien sea descabellada o la más de las coherentes, acaba siendo destruida por una voz interior que te dice que vas a fracasar.
En cambio la alegría y la esperanza perenne de vivir en compañía, rodeado de personas auténticas, sin falsedades y rodeado de prosperidad y riqueza sigue latente. Riqueza entendida no como la posesión de cosas materiales e inútiles que nos vende el MediaMarkt, sino como la idea de poder vivir en la luz y en la sensación de paz interior desde que te levantas hasta que te acuestas. Pensar que, el premio de vivir cada día engloba una toma de consciencia superior, sin comparaciones ni competiciones ni codazos ni zancadillas. Poder ayudar al prójimo, al próximo, colaborar con el mundo que nos rodea en cualquier proyecto que se inicie, y todo ello sin esperar nada a cambio. La somatización de ideas en progreso (palabra vacía de contenido hoy por desamor de los políticos) nos lleva a la verdad, la bondad y la belleza. Conceptos todos estos que deberían volver a estar vigentes en la maltrecha guía moral de occidente, y no me refiero a la iglesia católica ni a ninguna religión.